Taiji Quan (taichi chuan) y Qi Gong (chikung). ¿Qué son y para qué sirven?. (I)

Estas son preguntas típicas con las que se encuentra habitualmente cualquier practicante o profesor/instructor de dichas disciplinas. Acostumbrados como estamos a que todo tenga un “sentido productivo” y se ciña a una razón de ser lógico-materialista, no dejan de tener lógica tales interrogantes. El caso es que resulta muy complicado dar una respuesta, siquiera coyuntural o momentánea y las razones son varias pero, a mi parecer, la principal es que no disponemos en nuestra cultura de referentes vigentes y válidos que podamos utilizar para dar una idea mínimamente fidedigna de lo que el taichi o el chikung son (al menos, no en una respuesta escueta de, digamos, un minuto). Suele decirse que son parecidos al yoga pero, para ser sinceros, tal afirmación no deja de ser un tópico. Se suele incurrir también en dos errores como son: la falta de concreción, que deja toda descripción en el aire como una nube vaporosa imposible de asir, y/ó el reduccionismo castrante, que confirma los prejuicios de los sistemas de creencias sustentados por la cultura occidental moderna, negando de antemano tanto el potencial como la dimensión reales de estas disciplinas.

Taichi y chikung, ¿hablamos de lo mismo?.

Quizás debería comenzar aclarando que taichi y chikung son, aunque perfectamente complementarias, incluso semejantes para el ojo inexperto, disciplinas diferenciadas entre sí dentro de su marco cultural de origen (china). Para la expectativa general (bienestar terapéutico) del occidental que se inicia en una o en otra, las diferencias no dejan de ir más allá de lo estético y resulta, por lo tanto, tan válida una como la otra. Chikung (qi gong) viene a ser traducido como “la maestría del qi, energía o aliento” mientras que Taichi (Taiji Quan) resulta mas escurridizo y elusivo en su traducción. Taiji Quan (taichichuan) es, en su origen, un arte marcial que se ha ido desarrollando y evolucionando en modos muy especiales, tomando caminos muy dispares. Tanta disparidad ha dado y da lugar a estúpidos debates, discusiones sobre si mi estilo es marcial, o terapéutico, o espiritual y demás sandeces en las que nos vemos envueltos los practicantes cuando tratamos de argumentar el porqué del camino en el que estamos. Como si todos esos aspectos fueran otra cosa que diferentes rostros de un único cuerpo holístico en la totalidad de la práctica. Defensores de lo holístico cacareando bobadas que únicamente reflejan nuestra pobre comprensión de lo que realmente tenemos entre manos. Chorradas del tipo “yo practico chikung, porque el taichi es un arte marcial y yo soy profundamente pacifista” ó “mi taichi es espiritual y no marcial” únicamente son reflejo de la escisión y fragmentación en la que vivimos sumidos. Queremos y buscamos un salvavidas pero, cuando alguien pone a nuestra disposición un barquito en el que navegar todo nuestro océano, nos obstinamos en destrozarlo hasta reducirlo a ese trozo de tabla en el que podemos reconocernos al ver el reflejo de la estrechez de nuestras mentes enanas para sentirnos, de ese modo, “a salvo” incluso de nosotros mismos y de nuestro potencial. Desde mi pequeña comprensión, puedo decir que si bien taichi y chikung son semejantes entre sí hasta cierto nivel, a partir de ahí hay un espectro en el que difieren y es el de la relación. A partir de ese nivel podemos decir que el taichi incluye al qi gong pero va más allá y es el estudio de la marcialidad, precisamente, lo que marca la diferencia. Es la marcialidad, entendida en su sentido profundo, más allá de los mamporros y de las fantasías enraizadas en el miedo, la que se convierte en una herramienta incomparable para el estudio de lo relacional, de las interacciones entre yin y yang, entre el otro y yo mismo. De hecho, es por eso mismo que se llama taichi, porque nos habla de la dualidad, de yin y de yang, de la separación y del conflicto como punto de partida para la integración de la vida y la subsecuente trascendencia de la ilusión de separación. No es casualidad que Wilber, dentro de su esquema estructural, sitúe al taiji quan en el nivel del centauro que es, precisamente, el nivel en el que se produce la integración de cuerpo y mente en un todo que significa la puerta de apertura a los niveles verdaderamente trascendentes del ser.

Lo que no son.

Bien, llegados a este punto, voy a continuar definiendo lo que, desde mi punto de vista, no son el taichi ni el chikung:
1. No son religiones. No se trata de credos o de catecismos ni de dogmas de actuación en la vida o hacia los demás. Aunque hay quien llegue a montárselo en plan secta con el tema, llegando a convertirse en auténticos “gurús”.
2. No son filosofías. No hay ningún tocho que estudiar sobre lo que este autor o aquel “pensaba” sobre tal o cual cosa. Uno practica y después de una larga y correcta práctica brota cierto discernimiento que en caso de perseverar, dicen, se convierte en una profunda comprensión. Y aquí digo dicen porque, en mi caso, tan solo llevo algunos más de 15 años practicando, lo cual no es mucho en este campo.
3. Los puntos anteriores deberían dejar claro que no pueden ser aprendidas de un libro. Ni siquiera puede uno hacerse una idea que valga algo a través de este medio como punto de partida. Sin comentarios.
4. No se trata de deportes, de hecho están en las antípodas de los mismos, o de cualquier otro sistema gimnástico de masoquismo o de castigo al cuerpo por atreverse, este último, a ser de otro modo que lo que “sabiamente” indica y dicta la doctrina occidental desde los púlpitos de la iglesia “científica” racional y castrante. El concepto de salud en el cual se desenvuelven el taichi o el chikung no tiene nada que ver con ese concepto avaro, depravado y vicioso en el que se mueven nuestros deportes. Tampoco hablamos de artes marciales en el sentido en el que podemos entender el judo, o el kung fu/wushu, o el karate o el taekwondo, debidamente higienizados, pasteurizados y despojados de cualquier atisbo que pudiera recordar a lo que de verdad es un arte, con tal de lograr cuantificarlos para incluirlos en la categoría de deportes de competición.
5. No se trata de danzas. Aunque trabajamos la mecánica y el movimiento corporal mediante coreografías, el desarrollo de la plasticidad y la armonía en la coordinación psicomotriz son tan solo la fachada de un trabajo que apunta a distancias con la que la danza ni tan siquiera ha llegado a soñar. Como dice la sentencia “¿porque os quedáis mirando a mi dedo cuando os señalo la luna?. Esto, no obstante, no es óbice para que se extiendan por ahí competiciones y demostraciones de formas en las que “maestros y practicantes” se explayan en exhibiciones que no van más allá de un pobre ejercicio de masturbación de las propias vanidades personales.
6. No son “New Age” aunque desgraciadamente hayan llegado a nosotros (a occidente) a lomos de tan deplorable y abyecta cabalgadura. En efecto, no podemos hacernos una idea del viaje que estás disciplinas han debido realizar atravesando los pantanos de la “revolución” maoísta y de la “involución” New Age hasta arribar a nuestras costas. Si ya partimos de una “miopía cultural” al enfrentarnos al cuadro general, a esta hemos de añadirle, además, las distorsiones aportadas, tanto por el “comunismo chino” como por la cultura “New Age”, que no se han abstenido de violar e infectar estas prácticas mucho mas allá de lo deseable, neutralizando en gran medida el poder de sanación, trascendencia y liberación que atesoran en su esencia.
7. No son “remedios terapéuticos” al uso, como puedan serlo las aspirinas, el ibuprofeno, la confesión, el psicólogo o el psicoterapeuta, la masturbación, el masajista o una actividad de mantenimiento (¿mantenimiento de qué?). No consisten en actividades para rebajar la tensión o el estrés, aunque puedas reducirlas a ello.
8. El hecho de que no se correspondan a ninguna de las prácticas enumeradas anteriormente no significa que no se hagan esfuerzos para reducirlas  a alguna o a varias de las mismas. Los motivos son diversos: ignorancia y falta de comprensión, arrogancia, interés económico y muchos otros se dan la mano para desvirtuar, castrar y esterilizar un terreno tan fecundo y de un potencial tan amplio y profundo.
9. Pero bueno, si todavía es tu deseo, podemos ceder. Podemos aceptar al pulpo como  animal cósmico de compañía y enjaular al taichi y al chikung en la descripción que mas te agrade de las anteriormente expuestas o de otras igualmente reduccionistas que podemos encontrarnos circulando por ahí.

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